La necesidad del saber, por Alberto Urretxo

La necesidad del saber
“No debemos pensar solo en el mundo que dejamos a nuestros niños, sino en los niños que
dejamos a nuestro mundo.”

La pandemia que padecemos, ha acelerado y evidenciado más aún si cabe, una crisis que ya
estábamos viviendo hace tiempo las personas que nos dedicamos a diferentes disciplinas
artísticas. Se habla de cultura, pero ¿qué es cultura? Salir a un balcón a tocar una canción con
un instrumento o a cantar, no es cultura, es entretenimiento. Aprender la cultura requiere una
constante preparación y disposición, vistas como necesidad. Hace falta vivir en un contexto
propicio para crear hábitos culturales sanos, porque de la calidad de la cultura que nos rodea
va a depender la calidad de nuestra mente. Los gestores nos pueden ayudar a crear esta
necesidad cultural en la sociedad, dejando de programar por inercia y/o por negocio. Los
artistas tenemos que ser útiles y cercanos, creando una comunidad en la que nuestros jóvenes
y sus familias puedan encontrar un lugar de desarrollo y esto tiene que empezar desde la
educación infantil. La educación es una experiencia social, en la que desde la niñez la persona
se va conociendo, enriqueciendo en las relaciones con los demás. De aquí la importancia de
(re)introducir materias como música en el currículo escolar.

Desde mi experiencia como músico profesional, profesor y creador, puedo certificar que la
cultura no está considerada un bien necesario en nuestro entorno. Funcionamos por impulsos,
sin un objetivo a largo plazo. Las personas nos movemos por emociones, la sociedad se mueve
a través de ellas, solo tenemos que ver los debates políticos y la programación de los
principales medios de comunicación. Vivimos en una constante crispación.

Vivimos a gran velocidad, la tecnología evoluciona con mucha rapidez, pero ¿cómo
evoluciona? ¿Nos hace libres o nos hace presos de la superficialidad? Las consecuencias de
esta vorágine de información y el cómo se gestionan los recursos e inversión en la educación
de los jóvenes, crea la necesidad de reflexionar sobre los valores que tenemos que potenciar e
inculcar en nuestro entorno. La ralentización y el parón para muchas actividades culturales,
trae una reflexión y hace falta buscar puntos de encuentro entre los diferentes proyectos
culturales que tenemos, desde proyectos más grandes como museos, teatros, orquestas,
ikastolas, conservatorios, bandas, bibliotecas hasta los más pequeños, poniendo en valor,
cuidando y apreciando a nuestros creadores, artistas y estudiantes, haciéndoles partícipes.

Por ejemplo, en el mundo de la música, hay muchísimo talento desaprovechado en nuestro
entorno, desperdigado por el mundo que podría aportar su talento a nuestra sociedad. Por
otro lado, y en más de un caso, se sobrevaloran a otros por ignorancia o intereses que existen
en algunas personas dedicadas a esta industria. Todo esto, crea desconfianza. Podríamos tener
mejores resultados, pero hay que cambiar la manera de hacer las cosas.

Insisto en la idea de elaborar proyectos que converjan hacia un mayor entendimiento, hacia un
mayor sentido de la responsabilidad y hacia una mayor solidaridad. Hay que crear puentes
entre los diferentes proyectos que ya existen dentro de las diferentes disciplinas artísticas para
orientar la inversión sociocultural creando pequeñas comunidades, tal y como se hace en el
deporte, involucrando a pequeños y a mayores, creando afición. Un buen ejemplo son las
bandas de música de Galicia o de Valencia en las que, en la mayoría de ellas, todo un pueblo
está involucrado de alguna manera en mantener y desarrollar su agrupación. Han conseguido
reunir en sus bandas personas de diferentes generaciones, desde niñas y niños hasta sus
abuelas y abuelos, profesionales, conviven juntos, hacen música, crean un entorno cultural,
una comunidad y una afición. Para ello cuentan con ayudas económicas que les apoyan en su
afán de cuidar valores y que les ha dado unos resultados enormes en los últimos años, no solo
creando profesionales de nivel con una buena preparación de base, sino una educación de
trabajo en grupo con objetivos claros, preparando programas variados para ofrecer conciertos
a la ciudadanía.

Hay que reconocer que en Bilbo, se han dado pasos con diferentes ayudas y propuestas que
han facilitado el acceso a lugares emblemáticos como la Filarmónica para disfrutar de artistas y
músicos locales. Una iniciativa que da sentido a todo lo que expongo y que espero se
mantenga en el futuro, cuando superemos esta pandemia. De la misma manera, es una
realidad que en Euskadi se han impulsado ayudas para mantener la actividad cultural durante
la pandemia, que las instituciones ayudan con partidas presupuestarias en el mantenimiento
de proyectos culturales y que gracias a esa inversión sociocultural podemos disfrutar del arte,
de la música, la danza y teatro entre otras cosas, y es de agradecer para el crecimiento de
nuestro pueblo, pero no es suficiente si no generamos necesidad y compromiso desde todas
las personas que tienen la responsabilidad en la gestión de recursos.

La pandemia nos ha demostrado lo frágiles que somos. Cuesta mucho tiempo y esfuerzo
construir y muy poco destruir. Realmente, ¿qué solidez tenía nuestro sector? Pues
desgraciadamente, muy deficiente. Esta experiencia que estamos viviendo nos enseña que: sin
conocimiento, poco avanzaremos y poco evolucionaremos. Una crisis trae una reflexión, es
una buena oportunidad para la creatividad, una buena oportunidad para encontrar puntos en
común y trabajar en conjunto, fijando unos objetivos claros, razonables, accesibles para todos
y sobre todo que nuestra Euskadi del siglo XXI sea un ejemplo del buen hacer. Hemos
demostrado que somos un pueblo luchador y trabajador, y no se puede perder este carácter.
Capacidad de trabajo hay, talento hay, ganas hay, solo necesitamos unificar y aunar ideas,
proyectos y objetivos. Merece la pena esforzarse, cuidarnos, valorarnos y ayudarnos. Hay que
atender a lo irreal del futuro, a las expectativas. No con palabras, sino con hechos. Yo estoy en
ello.

 

Alberto Urretxo
Trombón solista BOS
Director y coordinador de Soinuaren Bidaia y Euskadi Brass

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