Hablamos con Ricardo Mollá.

El próximo mes de abril es un mes emocionante para Soinuaren Bidaia. Tenemos la suerte de poder realizar un concierto con público, algo dificil en estos tiempos. Y además, estrenamos obras. Una de ellas es «Gudari», de Ricardo Mollá, obra que , ya por su título, genera mucha expectación. Por este motivo hemos llamado a su autor y dejamos aquí una pequeña reflexión suya, en la que nos habla sobre la composición y sobre esta obra en concreto:

«Componer es una actividad que, al igual que cualquier otro acto creativo, sirve de medio de expresión para transmitir una idea, un sentimiento o un estado de ánimo. Grosso modo, escribir música se basa en la organización de distintos elementos (melodías, secuencias armónicas, ritmos variados, etc.) con el fin de dotar al todo resultante de un valor estético concreto. En cierto modo, la composición establece algunos paralelismos con la vida misma pues, durante el proceso de creación, uno puede borrar, reescribir y, finalmente, elegir su propio destino en el devenir de la partitura. De hecho, la vida real y el mundo que se crea en cada pentagrama van a veces más ligados de lo que uno pudiera imaginar. Gudari es un buen ejemplo de ello.

               Desde que lo conocí, Alberto Urretxo, protagonista de esta historia y de la propia aventura que se describe en la pieza, me ha demostrado que es una persona que no tiene miedo a lo desconocido y a buscar, al igual que hace un servidor cuando compone, nuevos medios de expresión. Ya lo hizo con su particular viaje del sonido (Soinuaren Bidaia, título que da nombre a su primer proyecto discográfico), en el cual describió el viaje de un niño que ha de marchar para encontrarse a sí mismo. Este joven no era otro que el mismo Urretxo. Y es que, a veces, no hay nada más gratificante y esclarecedor que un viaje introspectivo al corazón de uno mismo: solamente cuando uno se desprende de todo ego o prejuicio y decide mirar en el fondo de sí, encuentra su verdadero ser.

               Después de escuchar y conocer de primera mano la exigencia emocional que implica todo proyecto en el que se embarque Alberto, cuando recibí el encargo de escribir Gudari, para trombón solista y cuarteto de cuerdas, inmediatamente sentí la importancia y responsabilidad que había tras dicho cometido. Así, a través de la escritura de esta composición, he intentado entender más de cerca la visión artística de Alberto y unirme a ese camino que él ya comenzó a andar con el desarrollo de Soinuaren Bidaia a través de mi música. En esta obra, he procurado plasmar otra faceta intrínseca, más madura, en nuestro protagonista: la de luchador. Luchador ante la vida y ante los retos que trae el porvenir. Guerrero no hacia un agente externo, sino ante los desafíos que conlleva la propia existencia y la convivencia con uno mismo. Alberto Urretxo es un músico que siempre está dispuesto a explorar horizontes desconocidos, sin miedo a equivocarse y con el único objetivo de aprender con cada nueva travesía: un auténtico Gudari.

               A su vez, aunque podríamos definir esta obra como programática pues describe un viaje (aunque este sea más interior y reflexivo que físico), mi finalidad es que cada oyente digiera y de sentido a lo que escucha usando su propia imaginación. En resumen, Gudari presenta tres estados de ánimo claramente delimitados en los tres movimientos que conforman esta obra: The Gudari begins his path (El Gudari comienza su camino), movimiento que refleja la esperanza ante el futuro y el deseo de emprender nuevos desafíos; Under the Celestial Firmament (Bajo el firmamento celeste), sección donde nuestro protagonista se enfrenta a sus propios miedos y a la soledad que plantea la misma realidad; y The Eternal New Horizon, donde realmente el personaje se da cuenta de que, como diría Antonio Machado, se hace camino al andar, y que uno nunca deja de aprender ante la vida y los retos que la misma trae consigo.»

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